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UPR
 

Aumentos por lo bajo

Foto: Suministrada
Aumetar Disminuir

1 de Marzo de 2009

Originalmente publicado en la edición impresa Diálogo Enero-Febrero 2009.


Por María Vera Hernández
Especial para Diálogo

Hace dos años, Érika notó que algunos de sus productos favoritos en el supermercado mostraban una pequeña rebaja en el precio. Le pareció sospechoso porque prácticamente todos los costos estaban en aumento.

Esta contable no se quedó conforme, y comenzó a investigar por qué el jamón hervido, el café y el detergente que siempre compraba estaban un poco más baratos. No tardó en encontrar una respuesta: los empaques habían sido reducidos y en vez de una libra, por ejemplo, sólo contaban con 14 onzas.

Tras reconocer su impotencia como consumidora, Érika (nombre ficticio) aseguró que ha decidido utilizar productos genéricos, aunque, en ocasiones, tiene que sucumbir y comprar menos por más.

“No creía que estuvieran más baratos cuando todo aumentaba. Observé el empaque y, aunque se veía igual, me di cuenta que tenía menos cantidad. Así me pasó con el café, el jamón, el detergente y hasta con los jugos. Lo he visto en casi todo”, afirmó Érika.
Contrario a Érika, hay miles de consumidores que no se han dado cuenta de que están pagando sólo un poco menos o la misma cantidad de dinero por menos producto. Una de las razones es el poco tiempo que dedican a la compra de comestibles y productos de cuidado personal.

Un análisis realizado por la Cámara de Mercadeo, Industria y Distribución de Alimentos de Puerto Rico (MIDA) y el Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO) demostró que los consumidores apenas dedican media hora a realizar la compra de alimentos, tiempo que no compara con el que invierten en la compra de ropa o zapatos. En media hora, es casi imposible que las personas se percaten de las tácticas que han usado las industrias manufactureras para pasarles los aumentos en el costo operacional.

El presidente de MIDA, Benjamín Negrón, aceptó la existencia de una reducción en el contenido de los productos, pero alegó que es una medida establecida por las empresas multinacionales en los productos de marca. Aseguró que los distribuidores locales han optado por ampliar la variedad de productos genéricos para que los consumidores tengan opciones a la hora de adquirir sus comestibles.

“Es una práctica que se ve en las compañías trasnacionales cuyos costos de operación son muy altos... Aquí los detallistas y los distribuidores estamos buscando otras alternativas fuera de esas marcas internacionales. Son productos similares a mejores precios y no se afecta ni el volumen ni el valor nutricional”, manifestó Negrón.

De acuerdo con Negrón, lo importante es que el consumidor realice sus compras inteligentemente y que evalúe la cantidad, el valor nutricional y el costo. Además, no debe dejarse llevar por las marcas y los empaques.

Por otra parte, el empresario destacó que las compañías multinacionales han cambiado sutilmente el tamaño de los empaques para evitar que los consumidores se den cuenta de la reducción en el contenido. Esa acción fue calificada de fraude por el economista Alfredo González.

“El primer impacto al consumidor es que se le aumentó el precio del producto en una forma engañosa. Se está violentando el principio cardinal que tiene el sistema capitalista en el que vivimos. Se supone que el consumidor esté debidamente informado para que tome sus decisiones en relación a los productos que adquirirá”, manifestó.

A juicio del también profesor del Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, el sistema capitalista debe proveer remedios legales en contra de esa estrategia. No obstante, admitió que éste siempre ha inclinado su balanza hacia el lado del productor y no de los consumidores. Destacó que el capitalismo “penaliza a la parte más débil y anónima, que es el consumidor”.

Sin embargo, el vicepresidente ejecutivo de la Asociación de Industriales, William Riefkhol, rechazó que se trate de un método engañoso. Sostuvo que los manufactureros informan la cantidad de producto que hay en el empaque, independientemente de los cambios que éste sufra.

“Esa práctica existe, pero se está informando mal... No es que se estén vendiendo cuatro donas y se informe que hay diez. La realidad es que, cuando las cosas aprietan, la gente tiene que buscar cómo reducir sus costos. Los comercios responden con varias opciones como, por ejemplo, empaques más pequeños que antes no estaban disponibles. No es que se esté cobrando de más”, dijo Riefkhol.

Al igual que el presidente de MIDA, Riefkhol señaló que los consumidores también tienen la opción de adquirir los productos genéricos. Éstos son más baratos porque sus productores no tienen que gastar en la publicidad y el mercadeo de la marca.

Más allá de la controversia sobre si esa táctica es o no un fraude, el economista Luis Rodríguez Báez, de Estudios Técnicos, afirmó que tiene un efecto negativo para el consumidor, ya que aumenta el costo del producto.

“Afecta al consumidor porque la realidad es que está recibiendo menos producto, mientras el precio se queda igual. El consumidor sale perjudicado porque el costo por onza es mayor ahora que antes”, afirmó.

Añadió que se le debe proveer al consumidor toda la información para que pueda comparar el costo por onza. “Así podrá comparar y no dejarse llevar solamente por el empaque bonito... En estos tiempos de tanta presión económica, hay que estar más conscientes del costo por onza, por libra”, señaló Rodríguez Báez.

Por su parte, Lisa Estrada, quien dirigió DACO hasta el pasado 31 de diciembre, se limitó a afirmar que esa práctica no es ilegal, pues no hay ninguna ley o reglamento que la prohíba. No es un anuncio engañoso porque el empaque informa la cantidad correcta del contenido.

“Tienen que informar lo que se está vendiendo por ese precio. Pero, claro está, el efecto real es que se le está aumentando el precio al producto. Mi recomendación es que, como siempre digo, lean el empaque, el peso y lo comparen con otras marcas, las genéricas”, destacó.

Estrada instó a los puertorriqueños a ser “consumidores inteligentes”, aquéllos que dedican el tiempo necesario para comparar productos y precios. “Al supermercado no se puede ir ni con hambre, ni con prisa... Hay que ir con calma y buscar más por menos. Para eso hay que salir de las marcas”, señaló.

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