Originalmente publicado en la edición impresa Diálogo Febrero-Marzo 2009.
Por Margarita Santori López
Especial para Diálogo
Siempre pensó que la universidad era el siguiente paso. Así también lo creían sus padres, Olga Ruiz y Javier López; sus hermanos Ivonne y Ricardo; y su “maestra de toda la vida”, Wanda Delgado. Hoy, José Carlos López Ruiz cursa el primer año de bachillerato en Ciencias en Computadoras en la Universidad Interamericana de Aguadilla con una beca de honor y un promedio de cuatro puntos.
Y es que para este joven de 19 años no hay nada imposible. Por eso, aunque padece Spinal Muscular Atrophy, una condición física que lo mantiene encamado y conectado a un ventilador desde los cuatro años, esto no ha sido –ni es– un obstáculo para alcanzar sus metas. Es estudiante del Programa de Educación a Distancia y estudia “en línea” por medio de un sistema de Blackboard o pizarra interactiva que, según asegura, es una gran herramienta que se le ha hecho fácil de manejar. Su condición afecta la médula espinal y los nervios, y produce como resultado atrofia y debilidad muscular.
Este semestre está matriculado en cuatro clases: Programación Visual, Programación Estructurada, La Fe Cristiana e Introducción a la Probabilidad y Estadísticas. El año pasado también aprobó cuatro cursos y ya cuenta con 18 créditos que tomó en exámenes avanzados del College Board en las áreas de matemáticas, inglés y español, y una clase introductoria de Computadoras. Esta última, requirió dos semanas intensas de estudio antes de iniciar el bachillerato.
Cuenta José Carlos que su interés por las Ciencias en Computadoras surgió de su deseo de crear e inventar cosas. “Pienso que en Ciencias en Computadoras puedo hacer programas que ayuden a otra gente a usar la computadora y diseñar videojuegos”, señaló al tiempo que mencionó que fueron su familia y su maestra quienes lo animaron para que siguiera una carrera académica.
Sus hermanos también son universitarios. Ivonne, de 25 años, realiza un doctorado en Farmacia en el Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico y Ricardo, de 20, optó por Ingeniería en el Recinto Universitario de Mayagüez.
Como todo universitario, la jornada de estudio de José Carlos es muy rigurosa y requiere de mucha organización y planificación. “Generalmente intento estudiar de una clase a dos al día o hacer lo más que pueda de todas, si es que puedo, para no atrasarme. Viendo cómo funciona esto aprendimos que es importante adelantar trabajo”, precisó refiriéndose a la ayuda que le brinda su mamá en todo el proceso. “Soy su mamá, su amiga, su maestra”, subrayó Ruiz quien ha sido una figura clave en el desarrollo académico de su hijo.
Su “salón de clases” está ubicado en su habitación donde sus padres le han provisto de todos los equipos necesarios para su desempeño académico. Desde su cama tiene acceso a la computadora ubicada en una mesa de madera que su padre construyó especialmente para él. Su día de clase comienza cuando se conecta a la Internet y accede a la Universidad. Con su hábil manejo del mouse, José Carlos escribe su contraseña en el teclado virtual y revisa todos los cursos en los que está matriculado.
“Entro a cada uno para ver el material. A veces lo imprimo porque muchos profesores dicen que es una buena idea hacerlo”, indicó. Luego, a estudiar.
Una de las clases que toma este semestre es la de Programación. Según explicó, su profesor, José Navarro, utiliza diversas herramientas para ofrecer el curso, entre ellas, los Announcements donde coloca los avisos importantes; la de Assesments para las asignaciones; y un calendario con las fechas de todas las tareas pendientes. Por último, se encuentran el chat y un reglón de “discusión” mediante el cual pueden comunicarse con el profesor y con otros compañeros.
Los exámenes pueden tomarse “en línea” o solicitar que un proctor le lleve el examen a la casa. José Carlos suele hacerlo de las dos maneras para demostrar que efectivamente él hace el examen solo. “Es muy celoso y exigente con lo que hace”, comentó la mamá.
Ambos recordaron que el primer semestre fue muy fuerte porque tenían que adaptarse al nuevo sistema de enseñanza. “Era la primera vez que aprendíamos cómo funcionaba la Educación a Distancia”, anotó López Ruiz. La experiencia ha sido intensa, por lo que José Carlos decidió tomarse un receso este verano.
Y es que lleva muchos años estudiando. Antes de incursionar a la universidad, su educación fue una combinación de Home Schooling y el programa Home Brand del Departamento de Educación. La figura clave en este proceso, además de su madre, fue Wanda, su maestra de Educación Especial desde tercer grado.
“Es mi maestra y mi amiga”, afirmó el joven al tiempo que comentó que continúa visitándolo. Según Olga, aunque ella enseñaba en escuela elemental siguió apoyando a José Carlos en los grados intermedios y superiores. “Fue una figura clave”, sostuvo. Asimismo, mencionó al maestro de precálculo de Escuela Superior, Alfredo Rivera, quien le enviaba las clases en Power Point para que estudiara. “Siempre le decía que si no entendía algo él venía y se lo explicaba, y así lo hacía”, agregó.
José Carlos siempre ha sido un estudiante destacado y así lo demuestran los trofeos y medallas que exhibe en su cuarto. Durante la Escuela Superior ganó el primer premio en la Feria Científica en la categoría de Ciencias Sociales con un trabajo titulado “¿Desplazará el chatñol al español?, que realizó con la ayuda de su hermana. Cuentan sus padres que como parte de la evaluación, el estudiante debía contestar unas preguntas a un panel de jueces. “Lo llamaron por teléfono y él las contestó”, explicó su padre. “Sus maestros estaban bien contentos con él porque sirve de modelo y de motivación para otros estudiantes”, agregó orgullosa la mamá.
Pero José Carlos no sólo estudia, también le gusta mucho leer, jugar ajedrez y los videojuegos de estrategia. Sus lecturas favoritas son los géneros de fantasía, aventura y detectivescos, tanto en español como en inglés. También ha leído sobre vidas de santos, entre las que mencionó la de Santa Teresita. “Lee mucho y rápido. A veces tengo que decirle que descanse un rato”, dijo su mamá, quien asegura que aprovecha su tiempo al máximo.
Este extraordinario alumno cree firmemente que siempre se puede estudiar. “Creo que los jóvenes no pueden decir que no existe la oportunidad”, concluyó.
Una familia excepcional
Olga Ruiz y Javier López estudiaron farmacia, pero hace 15 años, cuando José Carlos le colocaron un ventilador por su condición de Spinal Muscular Atrophy, ambos decidieron que ella dejaría de trabajar para cuidar en todo momento a su hijo menor. De esta manera, se ha convertido en su gran apoyo.
"Desde que salió del hospital a los cuatro años decidimos que no iba a ser nada penoso, no el ay bendito, ni qué pena", señaló Olga. "Todo era igual para los tres hijos, el amor, los regaños, la disciplina", añadió.
La familia López Ruiz es muy unida. En su residencia en Aguadilla se respira paz y se siente el orgullo que tienen por su hijo. "Sus hermanos juegan con él, vemos televisión juntos, miramos las nubes, rezamos juntos", expresó la mamá.
Agregó que en estos procesos tiene que haber una familia comprometida. "Son mentes con un potencial extraordinario atrapadas en un cuerpo frágil al que el sistema (educativo) confina y muchas veces limita por falta de recursos", subrayó.