Humano versus naturaleza: cómo el hombre y el ecosistema juegan y compiten en armonía
Foto:Suministrada
8 de Mayo de 2009
Originalmente publicado en la edición impresa Diálogo Abril-Mayo 2009.
Adrenalina
Por Hermes Ayala
De Diálogo
Para poder dar órdenes a la Naturaleza, hay que saber obedecerla.
Francis Bacon
¡Ahhh, la Madre Naturaleza! Nada satisface más a muchos seres humanos que estar en contacto directo con la naturaleza, con el planeta y todos sus recursos. Tal idilio ha llevado a algunos a, incluso, retar la tierra, el cielo, las aguas, quizás buscando dominar o formar parte de su entorno.
“Lo más brutal de lo que hago es la libertad que siento haciéndolo… me siento como un ente completamente libre dentro del medio ambiente, como parte del mismo ecosistema”, expresó el escalador de rocas Andrés Hernández Febo, un veterano de siete años en este deporte.
Un sentimiento parecido es el que experimenta el kitesurfer, Orlando De Jesús. “No sé ni como explicarlo… el poder hacer trucos en las olas utilizando el mismo viento… se siente muy bien”, explicó De Jesús, quien lleva en el surfing con chiringa desde principios de década.
Nacho Pesquera, paracaidista o skydiver, fue aún más allá. “Se trata de adrenalina en exceso. Es como estar 10,000 pies más cerca de Dios”, señaló Pesquera, quien se convirtió al skydiving tras muchos años en el bodyboarding, disciplina donde incluso conquistó varios galardones nacionales.
El entusiasmo es evidente en estos atletas que compiten contra los poderes de la naturaleza. No obstante, trabajar de la mano del medioambiente, es necesario preocuparse por su conservación. Estos deportistas “naturales” están muy conscientes de ello.
Hombres piedra
Hernández Febo, por ejemplo, pertenece a la Asociación de Escaladores de Puerto Rico Incorporado (AEPRI), una organización cobijada bajo las reglas del Access Fund, entidad que se ocupa de la conservación de lugares donde se realizan escalamientos, ya sea en rocas, en montañas o en hielo.
“Yo entiendo que en el escalamiento de rocas se impactan los ecosistemas, pero viene siendo algo mínimo. Quizás en una que otra ocasión haya que sacar una rama del medio para poder escalar o quizás escalando desprendes una piedrita o algo así”, puntualizó Hernández Febo, cuyos sitios favoritos para escalar son las piedras de Rosario en San Germán, las áreas de Relincho y el Bosque de Piedra, ambas en Juana Díaz, y las piedras del Parque Julio Enrique Monagas, en Bayamón.
“Casi todas estas piedras que se escalan son calizas y quizás la dificultad estriba en la morfología de la piedra, en la forma que tiene. Yo diría que de las mejores para empezar son las de Parque Monagas en Bayamón, por la facilidad de la ruta y por la forma de la roca. Pero si te vas a sitios como Ciales o Juana Díaz, la dificultad es mayor”, añadió.
Peces voladores
En el surfing con chiringa o kitesurfing el impacto ecológico parece ser todavía menor. De Jesús, presidente de la recién formada Federación de Kitesurfing de Puerto Rico (FKPR), explicó algunos de los posibles efectos negativos que podría tener esta disciplina, uno de los deportes extremos de mayor crecimiento en los últimos años.
“Para mí el impacto en el mar es casi nulo, pues no usamos nada de gasolina, ni nada electrónico dentro del agua. Si la chiringa toca agua, está hecha para que flote, así que es raro que tenga contacto con algún arrecife… a menos que alguna línea de la chiringa se enrede con un coral si la marea está muy bajita, pero esa probabilidad es bien pequeña”, arguyó. “También sería rarísimo que una quilla de la tabla toque los corales, porque lo menos que un kitesurfer quiere es quedarse encallado en un arrecife. En Puerto Rico, por lo menos, donde más se corre es en las playas con arena, no donde hay arrecifes o piedras”.
De Jesús advirtió que, para practicar este deporte, es necesario primero conocer las velocidades del viento y de la presión del aire. Además, se debe verificar la arena cuando se entra con la chiringa, para evitar que algún vidrio o piedra pueda dañarla. También se debe tener en cuenta la cantidad de árboles, matas o palmas alrededor de donde se piensa practicar para evitar que la chiringa caiga encima de ellos.
Según De Jesús, Puerto Rico es uno de los países donde más fuerza está tomando el kitesurfing, especialmente entre los amantes del surfing regular y el windsurfing. “La ventaja es que sale mucho más económico y cómodo que el windsurfing, pues no tienes que estar bregando con mástiles pesados o tablas muy largas. Además, utilizas el viento más que en el surfing… Para mí lo más intenso es brincar las olas y ver cuán alto puedo ir según el viento. He tomado olas de más 10 pies y la elevación ha sido bastante. Es casi como volar”, apuntó De Jesús, quien señaló a Hawaii, California, Australia y varios lagos en Oregon y Carolina del Norte como plazas fuertes del deporte a nivel mundial.
“Más cerca de Dios”
Y si el kitesurfing es “como volar”, hay un deporte que sí se puede considerar volar… o al menos pasar un rato donde los pájaros vuelan. El paracaidismo o skydiving es uno de los deportes extremos que más popularidad ha ganado durante los últimos años, y su impacto ecológico estriba en la clase de avión que se utilice.
“Si acaso se podría considerar algún aspecto del deporte que afecta la ecología sería el avión, por la gasolina que usa, pero nada más. Al contrario, es cuando yo creo que el hombre ha estado más en armonía con la naturaleza”, debatió Pesquera.
“Además, el deporte no siempre se practica desde un avión. Hay quienes practican lo que se conoce como el base jumping, que se hace desde algún elevado pico montañoso o desde algún rascacielos”, indicó Pesquera, quien tiene a su haber sobre 300 brincos en Arecibo, Humacao, Iowa y Orlando.
En el caso de este deporte, es el propio ser humano quien más riesgo corre. Según datos de la United States Parachuting Association (USPA), que avala a Pesquera y a casi todos los brincadores experimentados de Puerto Rico, en el 2007 se registraron 18 muertes por skydiving.
Pesquera explicó que, en caída libre, el paracaidista se tarda 10 segundos en los primeros mil pies y, luego de eso, cinco segundos por cada mil pies. Un principiante que se tenga que tirar en pareja con un instructor tarda 45 segundos en caer desde 10,500 pies. Se recomienda que el paracaídas comience a abrirse a los 3,000 pies. Paracaidistas que se lancen de más de 10 mil pies deberán tener en cuenta que a los 14,000 pies comienza a desaparecer el oxígeno, por lo que hay que llevar oxígeno.
En cuanto al aspecto deportivo, Pesquera puntualizó que hay varias facetas en las que se puede competir. “Está, por ejemplo, la versión libre, con un camarógrafo, donde se juzga luego cuál es el mejor. Además, se hacen competencias del más certero, que mide la puntería del skydiver para caer en tal o cual punto; de cuánta distancia puedes recorrer, y del más rápido que llegue a la tierra. Pero la competencia más peligrosa es la de hacer trucos cuando se está llegando al piso”, dijo.
Todo se trata de devolverle a la tierra lo que nos ha dado o, al menos, competir en armonía con ella. Después de todo, siempre ha sido una amiga -y una competidora- formidable.
Comments
Post new comment