Originalmente publicado en la edición impresa Diálogo Abril-Mayo 2009.
Fuera de la sombra
Por Mariana García Benítez
De Diálogo
La psicología le ha nombrado de diversas maneras y hoy día la palabra subconsciente no es el término popular utilizado entre los estudiosos de la materia. Sin embargo, las sombras, los complejos, las experiencias sin editar, los miedos y las manifestaciones del bien y el mal continúan formándose y almacenándose en nuestros cerebros. Esa interacción entre el disco duro y el blando se manifiesta a través de comportamientos, entendidos sociales, sueños y a través del arte.
En su exhibición Entre][Tierra, en sala actualmente en el Museo de Arte Contemporáneo de Puerto Rico (MAC), la escultora Cristina Córdova muestra más de doce figuras en cerámica que parecen sombras de nuestro subconsciente hechas cuerpos.
Torsos, animales, figuras de cuerpo completo y barcos exhibidos retan muchos de nuestros entendidos relacionados con el género y con las identidades caribeñas. La mujer, su erotismo y su fuerza física, el vecino caribeño que ha hecho la travesía en yola en busca de una vida nueva y la androginia son algunos de los temas presentes en el trabajo de esta artista.
Según Córdova, estas esculturas son un “espejo distorsionado” de la realidad. “El potencial verdadero de entender y existir plenamente se desactiva ante la necesidad humana de estructurar y definir. Busco crear metáforas a través de la socialización forzada de estas figuras”. De hecho, estas piezas nos fuerzan a socializar con la violencia y las múltiples paradojas que necesariamente contienen nuestros paradigmas sociales y eróticos.
Tomo como ejemplo la escultura Entretierra que, nombrada como la exhibición, resume en gran medida el último trabajo de la artista. El cuerpo representado en esta escultura no tiene cabello y su semblante manifiesta un pensamiento a medias, el comienzo de una levitación ocurrida quizás en medio de su quehacer cotidiano. Cada cual hará su lectura de la emoción personificada en esta escultura y es importante que así sea.
De la escultura nos seduce la belleza con la que se ha logrado trabajar el material a la vez que nos incomodan sus manos grandes y su postura, con la que parece querer tocarnos. Entretierra nos invita a un más allá donde ella se encuentra. Córdova siempre ha buscado que su trabajo muestre emociones agudas y esta escultura no es la excepción. El dolor y/o el placer se manifiestan en su trabajo sin pudores o capas excesivas de limpieza emocional.
La fuerza de atracción de esta escultura recae, entre otras razones, en cómo se han potenciado el gesto corporal y el ademán del rostro. Entretierra está suspendida en medio de la nada o en medio de todo. Por otro lado, en esta pieza Córdova ha suspendido el esfuerzo por definir un género. El rostro de la pieza nos recuerda la personificación del demonio en la película sobre Cristo del Mel Gibson, no sabemos el sexo del personaje hasta que vemos el making of del filme.
Son este tipo de ambigüedades las que proveen riqueza visual a esta escultura. El enigma que nos presenta nos permite reexaminar la definición de lo femenino y lo masculino. ¿Cuál género ha sido encarnado en esta escultura?
Para atar cabos y entender a qué lugares de la sociedad se enfrenta Córdova, retomo la definición de la palabra virago. En las múltiples traducciones de la Biblia al latín, Adán no nombró a la primera mujer sino a la primera virago. Virago es la palabra en latín para mujer y sinónimo de la mujer ruidosa, turbulenta, dominante, fuerte, varonil. Cito un pasaje del Génesis en español para que tengamos una idea de cómo se significó por siglos este nombramiento: “Y dijo Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada” (Versión Reina Varela). En latín, el pasaje lee: “Dixitque Adam hoc nunc os ex ossibus meis et caro de carne mea haec vocabitur virago quoniam de viro sumpta est”.
Es interesante resaltar que el varón es el molde desde donde sale y desde donde se define la mujer. Al observar cuidadosamente las propuestas andróginas de Córdova, ¿dónde queda esta definición de lo femenino y lo masculino? ¿Es esta escultura un limbo entre ambos géneros? Córdova trabaja de manera muy intensa e intuitiva la situación contemporánea de los géneros. Hoy día las definiciones patriarcales de la sexualidad titubean. La artista crea con sus manos representaciones humanas que reflejan y potencian estas dinámicas sociales de las que somos conscientes o no.
Por otro lado, las bombas negras que completan la escultura contrastan con los colores violeta, rosados y cremas. Logran generar disparidad entre la pesadez del barro y la flotación a la que aluden los globos.
Para lograr el gigantismo de una escultura como esta hace falta hacer la escultura por secciones y volverla a disectar para quemar los pedazos. Ya fuera del horno hay que montar el rompecabezas nuevamente. Algún fallo en el proceso anterior alteraría la forma final. La cantidad de trabajo y la maestría con la que Córdova maneja la cerámica es el fruto de disciplina y del estudio cuidadoso de su medio.
En fin, Entretierra es un enigma alimentado del mundo terrenal. Y, a pesar de que las esculturas de Córdova parecen seres de otra dimensión, su presencia nos da las claves para entender el reino de este mundo.
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