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Capitalismo: entre la exuberancia irracional y la templanza racional

Foto: Suministrada
Aumetar Disminuir

8 de Mayo de 2009

Originalmente publicado en la edición impresa Diálogo Abril-Mayo 2009.


Economía


Por Alfredo González
Especial para Diálogo

Existe la sensación generalizada que la economía mundial es una nave sideral a la deriva. Los pasajeros temen estar al borde de un hoyo negro y presagian el comienzo de una caída libre. Los gobiernos, en sus roles de pilotos desesperados, ensayan medidas de control de la caída asesorados por los ambivalentes “economistas de dos manos” quienes impotentes ruegan por transformarse en pulpos capaces de succionar la compleja verdad y la eficacia elusiva de su conocimiento para detener el desplome.

La gravedad de la misión actual de rescate se revela al examinar el panorama reciente de la actividad económica y financiera en los Estados Unidos, símbolo del poderío financiero mundial y portaestandarte del capitalismo internacional. El ritmo de crecimiento de su producción nacional real ha estado descendiendo desde el 2005 al punto de registrarse una reducción en su producto interno bruto de 6.2 por ciento anual en el último trimestre del 2008. La economía norteamericana está en recesión desde diciembre 2007. El colapso financiero mundial es aún más dramático y preocupante.

Dentro del desconcierto abarcador se buscan explicaciones y se intentan acciones sin tener señales de cambio en el rumbo de la actividad económica real y financiera. Ante la crisis económica, surgen cuestionamientos sobre la viabilidad funcional del sistema capitalista. Se entiende que éste es una concepción abstracta de la forma de organizar la actividad económica de las sociedades humanas para efecto de un análisis óptimo. El sistema capitalista postula como supuestos básicos: la concepción de un hombre racional, económico, con conocimiento perfecto de las condiciones de los mercados y capaz de decidir lo que mejor le conviene. Se presupone además una armonía preestablecida entre el interés particular y el colectivo.

El problema económico de satisfacer las necesidades materiales humanas, se resuelve en el sistema capitalista, con una mínima intervención estatal, mediante las fuerzas de la competencia libre que coordinan las decisiones descentralizadas en los procesos económicos. La manifestación de los rasgos anteriores en la actividad económica es un ejercicio inferencial. Usualmente la conclusión es que el sistema en realidad es una forma híbrida o mixta de otros sistemas.
Por la circularidad del planteamiento, el debate intelectual entre las escuelas de pensamiento económico del capitalismo ortodoxo, neoliberal y reformista o el socialista, continúa activo. Paralelo a este legítimo debate en círculos de economistas teóricos y practicantes para entender el funcionamiento y el diseño una política económica eficaz, surge una dogmática controversia “teológica” de doctrinarios en defensa triunfalista de sus respectivos sistemas de idolatría económica.

Es conveniente dar seguimiento al debate legítimo por ser fructífero intelectual y pragmáticamente. Contamos para ello con una extensa y algo depurada serie de artículos publicada desde principios de marzo de 2009 en el Financial Times bajo el título, “The Future of Capitalism”. El neoconservador Newt Gingrich diagnostica que el problema de la crisis actual no es del mercado sino la interferencia del gobierno con ese mecanismo y contraviniendo otras instituciones capitalistas. Desde una posición capitalista crítica moderada, Amartya K. Sen apunta que el sistema ha fallado porque se confió demasiado en su carácter automático y el gobierno no realizó su función reguladora. Lawrence Summers, desde el reformismo de Keynes, presagia que la noción de que la economía de mercado es inherentemente automática ha sufrido, en la actual crisis, un golpe fatal. Añade que el automatismo del mercado ha fallado frecuentemente en este siglo y necesita acción remediativa ocasional del gobierno.

Ampliando la fuente anterior, y al margen del pensamiento capitalista, ubicamos la economía conductista, representada por Robert J. Shiller, quien manifiesta en su obra Irrational Exuberance (2000) y recientemente en su Animal Spirits (2009) que son las olas especulativas financieras las que degeneran en colapsos económicos debido al predominio inoportuno de la exuberancia irracional humana en los mercados.

Stephen A. Marglin aporta a la controversia desde la economía antropológica, al negar la validez de los supuestos básicos capitalistas, dividiéndolos en sus categorías de “supuestos fundacionales” (referentes a la naturaleza humana individualista, hedonista e insolidaria del hombre económico); y los “supuestos estructurales” (asociados con las instituciones reformables del capitalismo). Marglin expone su análisis en su reciente tratado The Dismal Science (2008). Según él, hasta que el sistema de mercado no erradique sus supuestos fundacionales no podrá cumplir eficaz, eficiente y justamente su finalidad.

Al escudriñar estos planteamientos, es necesario recordar que los sistemas económicos son diseños teóricos configuracionistas que se institucionalizan mediante una mezcla híbrida de hábitos permanentes, costumbres, creencias y valores de los miembros de una sociedad en un momento histórico. No es lógico pensar que desaparezcan radical y conceptualmente las diversas modalidades internacionales del capitalismo mixto. Sin descontextualizar su expresión, es Vladimir Lenin quien, ante una crisis similar del capitalismo, advirtió en 1919, que: creer que no hay salida para el capitalismo ante la presente crisis, es un error.

La coincidencia de las fuerzas empíricas y las teóricas actuales exige acciones correctivas del gobierno y reformulaciones conceptuales de los economistas sobre el capitalismo mixto, como se conoce hoy, para comprender su permanencia, su eficacia, su reformabilidad y sus transformaciones. Propician también estos cambios sistémicos el fenómeno de la mundialización y globalización en los procesos económicos.

Es evidente la radicación acelerada de iniciativas legislativas, ejecutivas y en la gerencia de la Reserva Federal con propósitos reformista y de salvamento sobre el sistema financiero, los bancos, la economía real y las relaciones económicas internacionales. Es manifiesta también la intervención del gobierno federal con intención de nacionalizar bancos y otras empresas afectadas por la crisis.

En cada una de las once crisis económicas ocurridas en los últimos 151 años, en forma de severas recesiones o depresiones, el sistema capitalista mixto americano ha experimentado transformaciones notables en sus estructuras, en sus instituciones y su funcionamiento alterando su configuración sin perder su esencia.

Cuando el capitalismo resurja de la crisis actual no podrá caracterizarse precisamente con la misma configuración estructural y operativa que se describía antes de 2008. Nuevos arreglos institucionales de regulación podrán incorporársele, modificando el dictamen del mercado y otros rasgos en sus procesos financieros, de recursos productivos y de los bienes. Un cambio a esperarse consistiría en imprimir una mayor simetría sistémica en su capacidad macroeconómica para evitar que el ascenso en la recuperación estalle en una burbuja especulativa y que en la recesión, se activen mecanismos que atenúen su profundidad y duración. La eficacia del capitalismo americano sobreviviente dependerá de sus modificaciones teóricas e institucionales para fomentar el que la templanza racional domine la exuberancia irracional en el ánimo de los participantes de un sistema ya orientado por la solidaridad humana.

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El autor es Catedrático jubilado del Departamento de Economía del Recinto Universitario de Mayagüez.
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