Originalmente publicado en la edición impresa Diálogo Marzo-Abril 2009.
Recorrido
Por Aiola Virella
Directora de Diálogo
Hace seis meses, estaba desesperada por lograr un buen negocio para vender mi guagua, comprar un carrito compacto y poder llegar a mi trabajo sin que el gasto de gasolina se tragara mi salario.
No tuve éxito, nadie estaba interesado en comprar una guagua que consumía $60 en gasolina dos veces por semana. Pero, poco a poco, los precios de la gasolina fueron desplomándose hasta que pude llenar el tanque con $25. De $120 semanales en gasolina, bajó a $50 por semana ese renglón de gastos en mi presupuesto familiar. Imagino que a muchas personas les debe haber sucedido lo mismo. Ahora la pregunta es ¿hasta cuándo? ¿Cuán próximo o distante estará el regreso del letrero infame que nos anunciaba que el litro de gasolina regular estaba a $1.07?
Los altos precios en la gasolina y nuestra dependencia prácticamente exclusiva a ese combustible hicieron diáfana nuestra vulnerabilidad ante la falta de alternativas energéticas. Lo mismo sucedió con las facturas por el servicio de electricidad, y el gobierno intentó hacer en meses lo que no había hecho en años: identificar y recurrir a fuentes de energía renovable.
Hasta el momento, el discurso de la energía renovable ha sido usado por políticos y gobernantes como parte de sus listas de promesas para vender sueños. Así queda constatado en el artículo de Portada, en el que la periodista Ana Teresa Toro detalla los vaivenes sobre la política energética del país.
Esta segunda edición de Diálogo Verde busca aportar un retrato sobre dónde se ubica Puerto Rico con relación al resto del mundo en un tema en el que se nos va la vida como ciudadanos de un planeta con recursos naturales finitos. Al igual que en la primera edición, se articulan todos los contenidos alrededor de la temática medioambiental para tener como resultado una edición de colección.
Aunque creo que la crisis del petróleo puso de manifiesto la urgencia de enfrentar definitivamente el tema, a veces temo que hayamos regresado a la zona del confort y que pospongamos la búsqueda de alternativas. Lo cierto es que todavía cuando trabajo sin luz artificial, siempre hay alguien que me pregunta sorprendido ¿por qué trabajas a oscuras?
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