Originalmente publicado en la edición impresa Diálogo Marzo-Abril 2009.
Reportaje
Por Yennifer Álvarez Jaimes
De Diálogo
A pesar que la administración del ex presidente George W. Bush rechazó ratificar el Protocolo de Kioto en 2005, el estado de California ha sido, desde hace años, pionero en el estudio del impacto del cambio climático en el planeta y, de acuerdo a un considerable sector de la comunidad científica, ha sido clave en la creación de estrategias para reducir la “huella de carbón”. Este concepto se refiere a la “marca” o “huella” que dejan las personas con sus actividades cotidianas en el medio ambiente. Este fenómeno está determinado principalmente por la cantidad de gases de efecto de invernadero producidos, específicamente el dióxido de carbono (CO2). Este gas se genera fundamentalmente a través de los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural) de los cuales proviene la mayor parte de la energía que se produce en el mundo.
Tan temprano como en 1990, California implementó normas de eficiencia para la mayoría de los artefactos eléctricos residenciales y comerciales mercadeados en su jurisdicción y a raíz de esa iniciativa, la reglamentación fue adoptada a nivel federal.
De acuerdo al informe del Equipo de Acción Climática de California, de no tomarse acciones inmediatas, existe una gran probabilidad de que la magnitud del calentamiento hacia finales del siglo llegue entre 3 a 10 grados Fahrenheit. Según el análisis científico incluido en el informe, de ocurrir esto, la nieve acumulada de la Sierra, que representa aproximadamente la mitad del almacenamiento de agua superficial en el Estado, se reduciría desde un 70 por ciento hasta un 90 por ciento durante los próximos cien años, amenazando el suministro de agua de California. Además, la industria agrícola, una de las principales fuentes de producción económica del Estado, se vería fuertemente afectada a causa del limitado almacenamiento de agua, el incremento de las temperaturas y el aumento de agua salada en el delta de los ríos Sacramento y San Joaquín.
Entre las estrategias para reducir los gases modificadores del clima, el grupo compuesto por científicos, economistas y planificadores recomendó continuar con medidas como el desarrollo de biocombustibles, el desarrollo de un registro compulsorio de emisiones para las industrias y las agencias gubernamentales, propiciar la investigación para abaratar los costos de producción de tecnología eficiente y aprobar estatutos que obliguen a las nuevas plantas generadoras de energía que sus fuentes tengan emisiones equivalentes o inferiores a las de una planta de gas natural. California ya ha adoptado varias de estas estrategias al crear por ejemplo, una coalición interagencial entre la Agencia de Protección Ambiental de California, mejor conocida por sus siglas en inglés Cal/EPA y los Departamentos de Alimentos y Agricultura para desarrollar un programa de biocombustibles.
De otro lado, el estatuto plantea un programa de incentivos en el mercado para reducir para el año 2020 las emisiones de carbono a los niveles que se tenían en 1990, lo que implica una reducción del 25 por ciento y para el año 2050 se estima que las emisiones se habrán reducido a un 80 por ciento por debajo de los niveles de principio de la década del 90. Asimismo, la Comisión de Servicio Público de California tiene como tarea implementar el programa Million Solar Roofs, para promover la instalación de un millón de paneles solares en edificios comerciales y residenciales para el año 2018, a través de incentivos contributivos con una inversión de 3,000 millones de dólares. Sobre el registro de emisiones, para el 2008, más de 60 compañías reportaron sus emisiones y están trabajando en el desarrollo de prácticas para reducirlas.
De otra parte, el aspecto económico no se queda de lado en las políticas energéticas impulsadas en el “Estado Dorado”, como se le conoce también a California, según un estudio macroeconómico desarrollado por la Universidad de California en Berkeley llamado Modelo de Ingresos Dinámicos Ambientales, “cuando se consideran en conjunto las estrategias de reducción de emisiones, se espera que los impactos resultantes sobre la economía se traduzcan en empleos y ganancias de ingresos para los californianos”. Según el informe, se espera que la implementación de las estrategias produzca un incremento de 83,000 puestos de trabajo en quince años y un aumento en los ingresos de 4,000 millones de dólares por encima del crecimiento sustancial que ocurriría entre hoy y el año 2020.
Precisamente, la administración Obama espera invertir $150,000 millones durante este cuatrienio en el desarrollo de fuentes de energía renovables, lo que crearía, según los estimados del ejecutivo, cinco millones de empleos adicionales. Además, el plan proyecta que para el 2012, un 10 por ciento de la energía se generará de fuentes renovables y para el 2020, al menos un 20 por ciento.
Modelo para 16 estados
California es el décimo segundo emisor de gases modificadores del clima en el mundo, superando a la mayoría de las naciones. Entre las fuentes de emisión de dióxido de carbono (CO2) más considerables se encuentran los vehículos de motor. En 2005, este Estado aprobó una ley que exige a las compañías automotrices cambios técnicos en su producción de vehículos para que en 2016 se reduzcan en un 30 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero que producen los autos que circulan en su territorio. No obstante, esta medida provocó que a finales del año pasado California demandara al gobierno federal, luego que la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) no aprobara el proyecto.
La legislación propuesta por el gobierno californiano exige que los vehículos tengan un rendimiento de 35 millas por galón mientras que en la actualidad, el gobierno federal obliga a las industrias a fabricar carros con un rendimiento mínimo de sólo 27.5 millas por galón. El conflicto entre las dos administraciones surgió tras un intenso cabildeo por parte de las automotrices y las corporaciones petroleras. El asunto provocó que el ex presidente George W. Bush interpretara que el cambio a tecnología más eficiente en los autos desembocaría en el aumento del precio de las unidades y por ende, llevaría a la bancarrota al sector automotriz estadounidense.
Sin embargo, con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, el pulseo entre el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger y el ex presidente Bush -ambos republicanos- pasará a ser sólo un capítulo en la historia estadounidense. Y es que a sólo seis días de instaurarse en el despacho oval, Obama ordenó a la EPA que reconsidere la medida californiana; plan que por cierto, sirve como modelo para otros 16 estados (Arizona, Connecticut, Florida, Maine, Maryland, Massachusetts, Nueva Jersey, Nuevo México, Nueva York, Oregón, Pensilvania, Rhode Island, Vermont, Washington, Utah y Colorado) interesados en controlar sus emisiones.
De inmediato, el gobernador de California aplaudió la decisión luego que el Presidente estadounidense anunciara sus planes y afirmara que durante su administración reducirá la dependencia del petróleo e impulsará el uso de energías de bajo consumo para combatir el cambio climático. Obama sentenció ese mismo día que la dependencia del petróleo extranjero y el cambio climático representan "amenazas urgentes para la seguridad nacional" estadounidense.
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