calendar July 30, 2010
UPR
 

Bolivia y el fin de la hegemonia estadounidense

Foto: Suministrada
Aumetar Disminuir

31 de Marzo de 2009

Originalmente publicado en la edición impresa Diálogo Octubre-Noviembre 2008


Por Waldemar Arroyo
Especial para Diálogo

La crisis diplomática que confronta al binomio Bolivia-Venezuela con Estados Unidos constituye un punto de inflexión en lo que ha sido el declive paulatino pero certero de la hegemonía estadounidense en América del Sur. Con la excepción de Colombia, Estados Unidos se ha que dado sin aliados en una región otrora alineada, incluso si dichas alianzas respondían más a la fuerza del “garrote” o políticas punitivas que a una auténtica convicción.
La decadencia de dicha hegemonía está ligada a factores como el fracaso de las políticas económicas neoliberales; el consecuente surgimiento de gobiernos de izquierda, centro-izquierda y social-demócratas; el colapso de la Unión Soviética que impide justificar intervenciones en nombre del anticomunismo, y el debilitamiento de la influencia y la pérdida de prestigio de Estados Unidos a nivel global, resultantes del fracaso estrepitoso de las políticas unilaterales de la administración de George W. Bush.

Lo que surgió como una crisis interna de Bolivia se ha tornado en otra oportunidad para los opositores de Estados Unidos en el continente meridional para continuar con el objetivo, esbozado particularmente por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, de eliminar esa hegemonía, entendiéndose ésta como el reconocimiento de la precedencia internacional de Estados Unidos y la adopción del paradigma político y económico propuesto por la potencia norteamericana.

Esencialmente se ha desatado un giro radical en las relaciones Estados Unidos-América del Sur en el cual los opositores de Estados Unidos están en posición de utilizar la estrategia ejecutada históricamente por la propia gran potencia de acudir a las teorías de conspiración y de acusar por asociación. De esta manera, el presidente de Bolivia, Evo Morales, vencedor del referéndum revocatorio del 10 de agosto en el que sometió su mandato a aprobación popular, acusa a los prefectos de la oposición, también vencedores en sus respectivas prefecturas, de ser parte de una conspiración dirigida por Estados Unidos para derrocar su gobierno.

Un país dividido

La crisis y polarización política en Bolivia es una manifestación de la polarización sociocultural, común en varios países de la región, entre las zonas mayoritariamente indígenas y de menor nivel económico (altiplano) y las no indígenas y de mayor nivel económico (provincias del Este). El asunto, aparentemente político, de la demanda de autonomía de las prósperas provincias del este boliviano con relación al gobierno central dominado por un presidente indígena realmente enmascara una realidad sociocultural con raíces en la conquista: en los estados latinoamericanos no ha habido una verdadera integración entre los conquistados (indígenas) y los descendientes o pretenciosos descendientes de los conquistadores. Más que una nación, Bolivia constituye realmente dos sociedades que conviven de forma muy tensa y que no están plenamente integradas.

El presidente boliviano ha aprovechado la crisis, por motivos ideológicos y políticos, para acusar a Estados Unidos de estar instigando la iniciativa de las provincias del Este de celebrar referendums apoyando la autonomía, eventos en los cuales esta opción ha resultado vencedora. Subrepticiamente, lo que realmente está en juego es el control de vastos recursos de petróleo y gas natural entre el gobierno central y las prefecturas, la redistribución de tierras a los indígenas y redistribución de riqueza a las provincias más pobres. En la lucha de poder gobierno-oposición se revelan dos proyectos nacionales e incluso internacionales que se van tornando incompatibles. El gobierno se acerca más a una propuesta de matiz socialista y de alianza con los actores internacionales anti-estadounidenses. La oposición, por su parte, apoya un proyecto más cercano a las tesis neoliberales y a Estados Unidos. Dentro de dicha confrontación, resultan particularmente polémicas las propuestas de referéndum del presidente Morales, a celebrarse en diciembre de 2008, que proponen reformas inspiradas en el modelo venezolano de Chávez, las cuales incrementarían el poder del gobierno central y le permitirían volver a postularse a la reeleción.

Contrario a Venezuela y Ecuador, donde la oposición se encuentra desprestigiada y desarticulada, en Bolivia, el presidente Morales ha confrontado una oposición política y económica poderosa, que está prevenida de las posibles consecuencias que para su status tendrían las reformas inspiradas en el paradigma venezolano. Ante el poder de resistencia que detenta la oposición, Morales ha tenido que acceder a negociar con ésta un acuerdo global para alcanzar una solución a una crisis que ya ha causado más de 30 muertos en manifestaciones antigubernamentales y confrontaciones gobierno-oposición, además de un prefecto detenido y acusado por el gobierno de Morales de haber instigado la ejecución extrajudicial de partidarios del gobierno.

Pocas opciones

La crisis política y social de Bolivia se ha trasladado también al ámbito internacional manifestándose en la confrontación diplomática entre Bolivia y Estados Unidos, en la que el primero ha amenazado al segundo con el rompimiento de relaciones diplomáticas tras la expulsión del embajador estadounidense ante Bolivia. De concretarse el rompimiento de relaciones entre Estados Unidos y Venezuela y Bolivia, junto con Cuba, sumarían tres estados latinoamericanos distanciados de la nación norteamericana, a los cuales podrían sumarse Ecuador y Nicaragua.

Por su parte, en esta coyuntura histórica en sus relaciones con América del Sur, a Estados Unidos no le ha quedado otra salida que cortejar a un Brasil centro izquierdista. Dicha política hubiese resultado impensable durante la Guerra Fría, cuando un presidente como Lula da Silva hubiese sido inaceptable para Estados Unidos. Sin embargo, la decadencia de la hegemonía y, particularmente, el surgimiento de Venezuela como desafío serio en la región, limitan las opciones al alcance de Estados Unidos y le motivan a adoptar políticas que le impidan ser totalmente marginado de la región.

Incluso, para Estados Unidos, sería racional buscar un acomodo con Cuba y con todos los gobiernos de la región, independientemente de su matiz ideológico, con el único propósito de aislar a Venezuela. Ello requeriría una transformación revolucionaria en la visión y enfoque de la política estadounidense, así como una aproximación más multilateral y diplomática en una región a la que Estados Unidos se malacostumbró a considerar un traspatio garantizado y la cual, en palabras del gobierno argentino, en la actualidad, sólo aceptará una relación “madura” con Estados Unidos, fundamentada en relaciones definidas en términos de igualdad y en las que no se reconoce la política hegemónica.
_____

El autor es profesor de Ciencias Políticas en la UPR, Mayagüez.
Your rating: None Average: 5 (1 vote)
Sigue a Diálogo Digital
twitter myspace facebook youtube
Videos