02 sep, 2014

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Jueves 06 de octubre de 2011 09:23

Probando la veracidad del ámbar

Por  Wilson J. González-Espada
  • De: Ciencia P.R.
Debido a su alto valor como piedra preciosa, mucha gente falsifica el ámbar usando materiales como el celuloide, la bakelita, y el plástico. Debido a su alto valor como piedra preciosa, mucha gente falsifica el ámbar usando materiales como el celuloide, la bakelita, y el plástico. wikicommons.com

Si has visto cuando la rama de un árbol se rompe o cuando cortan un árbol a machetazos, seguro notaste que a veces el árbol produce una sustancia líquida llamada exudado. Dependiendo del tipo de árbol, esta sustancia puede ser lechosa, clara o amarillenta.

Uno de estos tipos de líquidos se llama resina. La resina está compuesta por unas moléculas llamadas “isoprenos”. Justo cuando sale del árbol, la resina tiene la consistencia y el color de la miel. Según pasa el tiempo, la resina se endurece. A lo largo de millones de años, esta sustancia se fosiliza y solidifica. Entonces, se convierte en ámbar, una “piedra” muy deseada en la joyería. 

El ámbar es importante para la ciencia ya que su perfil químico y presencia de macrofósiles les permite a los científicos identificar qué tipo de resina lo creó y la vegetación que existía en la zona donde se formó el ámbar millones de años en el pasado. Debido a su alto valor como piedra preciosa, mucha gente falsifica el ámbar usando materiales como el celuloide, la bakelita, y el plástico.

Este fraude no es de ahora; existen documentos escritos en China hace 1,500 años donde describen cómo ladrones falsificaban ámbar usando aceite de pescado y claras de huevo. Por un golpe de suerte, ocasionalmente la resina atrapa hojitas, insectos, arañas, anfibios, pelos de mamíferos o plumas de pájaros. Cuando la resina se convierte en ámbar, el material atrapado queda muy bien preservado.

Un ejemplo ficticio es la película “Parque Jurásico”, en la que un científico logra obtener material genético de la sangre de un dinosaurio que estaba dentro de un mosquito atrapado en ámbar.

Aunque, en realidad, cualquier material genético dentro del ámbar no puede usarse para clonar animales, el ámbar sí puede usarse como un material importante en la investigación científica. Aquí es que entra el trabajo científico del doctor Jorge Santiago Blay. Oriundo de San Juan, él es Investigador Asociado en el Departamento de Paleobiología del Museo Nacional de Historia Natural en Washington, DC. Como existen más de 160 familias de árboles que producen resina, la meta del doctor Santiago Blay es conseguir la mayor cantidad de muestras de exudados, creando así un extenso catálogo de este material. Hasta ahora lleva analizadas más de 1,500 muestras de exudados pero le faltan un montón por conseguir.

El catálogo del doctor Santiago-Blay y del doctor Joseph B. Lambert, Profesor Emérito de Northwestern University, puede usarse de varias maneras. Primero, utilizando una técnica basada en la resonancia nuclear magnética, que se basa en los mismos principios que el MRI de la medicina, es posible comparar cualquier pedazo de ámbar con las muestras de resina en el catálogo identificar el tipo de árbol que creó el ámbar. Si el ámbar no cuadra con el catálogo, éste podría ser una falsificación o podría venir de un tipo de árbol extinto o desconocido.

Segundo, otras técnicas, incluyendo exponer el ámbar a una variedad de solventes como el etanol y el xileno, permiten descubrir la edad de la muestra. El ámbar tiende a tener más de un millón de años, mientras que el copal y los exudados son mucho más recientes.

En colaboración con otros colegas, el doctor Santiago Blay ha resuelto varios misterios. Resulta que varios museos famosos poseen piezas que consideran ámbar. Pero, ¿son piezas auténticas? A lo mejor algún listo le pasó gato por liebre a los museos. En efecto, el análisis del doctor Santiago Blay confirmó que no todos los ejemplares que los museos consideran “ámbar” son ámbar genuino ¡Nos reservamos el nombre de los museos famosos!

Desde el punto de vista de la paleontología, es decir, el estudio de la vida antigua, el trabajo del doctor Santiago-Blay y sus colegas es crítico. Es posible que una pieza de ámbar provenga de un árbol tropical, pero se descubra en una zona fría. Eso quiere decir que lo que hoy se ve como una zona fría, hace millones de años pudo haber sido un bosque lluvioso tropical. Por el contrario, una pieza de ámbar que proviene de un árbol de bosque templado pero que se descubre en el trópico también sugiere un cambio climático a lo largo de milenios.

Además, estos estudios les pueden ayudar a entender algunos de los usos que nuestros taínos daban a las plantas. Si te interesa el estudio de las plantas, sobre todo aquellas que pueden crear ámbar, o si encuentras un pedazo de ámbar en Puerto Rico y quieres saber si es verdadero o falso, el doctor Jorge Santiago-Blay ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla ) es un excelente recurso. 

El autor es profesor de Ciencia y Física en el Departamento de Matemáticas, Ciencias Computarizadas y Física del College of Science and Technology Morehead State University.

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