calendar 6 de Septiembre de 2010
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Dialógico

La amarga Musa Verde y la historia del arte

Planta medicinal ajenjo en México
Foto: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Ajenjo_planta_medicinal_en_M%C3%A9xico_029.jpg
Aumetar Disminuir

June 23, 2010
Por:  Dr. Felix J. Fojo
De:  Especial para Diálogo

Según la leyenda, que parece tener algo de verdad, el ajenjo, denominado en francés “absente” o absenta, fue inventado por las monjas de un convento para tratar algunas enfermedades, entre ellas las fiebres y la caída del cabello. Alrededor de 1790, el médico Pierre Ordinaire estudió la receta y la perfeccionó, convirtiéndola en una bebida casera. En 1797, y esto ya es historia documentada, Marcellin Dubied y Henry-Louis Pernod, construyeron la primera destilería dedicada solamente a la producción de ajenjo, que continúa en actividad hoy día bajo la marca Pernod.

En rigor, el ajenjo no es un licor, sino un macerado de plantas, fundamentalmente la Artemisia absinthium (ajenjo), anís, flores de hinojo, y en menor cantidad mezclas de cilantro, hisopo, hojas de enebro, verónica y algunas más, al que se le añade posteriormente alcohol. Hoy sabemos que la artemisa tiene una concentración bastante alta de aceite esencial de thujona, un alcaloide que actúa sobre unos receptores cerebrales específicos, produciendo insomnio, excitación nerviosa y descargas eléctricas que simulan la epilepsia. En cantidades exageradas puede también ocasionar lesiones irreversibles del riñón.
Nadie hoy se toma muy en serio los posibles efectos expansores de la conciencia y la creatividad del ajenjo, pero entre 1880 y 1914 se produjo una explosión de su consumo en Europa y algunas ciudades de los Estados Unidos, liderada por los llamados “artistas malditos”, que juraban y perjuraban que sus obras habían sido posibles gracias al efecto del “Hada Verde” (Fee Verte) más que a su talento personal.

El consumo de ajenjo, que requería de todo un ritual, <una copa especial y una espátula hendida, azúcar en terrones y un recipiente con agua fría>, aumentó de forma tan drástica, que los cosecheros de vino se sintieron amenazados. Este fue uno de los factores, junto a las trifulcas y las muertes que ocurrían en los bares y prostíbulos, que llevó a la prohibición legal del ajenjo entre 1915 y 1917.

Algunos artistas sucumbieron prematuramente al vicio del ajenjo. Arthur Rimbaud, Paul Verlaine, Charles Baudelaire y Henri de Toulouse-Lautrec murieron jóvenes o vieron sus carreras truncadas por la adicción. Quizás el caso más famoso fue el de Vincent van Gogh, que en un ataque de furia y desilusión, nublado por los vapores de la amarga bebida, se cortó una oreja para regalarla a una prostituta amiga suya. Otros, más estables emocionalmente, coquetearon con el vicio en mayor o menor medida, pero lo superaron y hasta ganaron fama describiendo y pintando a los pobres diablos víctimas del ajenjo: el dramaturgo Alfred Jarry (que se vanagloriaba de beberlo solo, sin rebajarlo con agua); Walt Whitman; Oscar Wilde; William Thackeray; Alestair Crowley (famoso, entre otras cosas por su poema “La Divinidad Verde”); Amadeo Modigliani; Gaugin; Mark Twain; Victor Hugo; Strindberg; y muchos otros.

Entre las pinturas inmortales inspiradas en el licor se cuentan “El ajenjo”, de Edgar Degas, uno de los clásicos del impresionismo; y “La bebedora de ajenjo” de Pablo Picasso, un cuadro perturbador y al mismo tiempo increíblemente bien elaborado. También Edouard Manet y Jean Beraud dedicaron obras al tema. Ernest Hemingway, que lo probó casi todo, también se Beraud dedicaron obras al tema. Ernest Hemingway, que lo probó casi todo, también se dejó seducir en sus años parisienses por el ajenjo, que para ese entonces era de consumo ilegal, pero siguió prefiriendo el whisky; no obstante, hizo que su famoso personaje de “Por quién doblan las campanas”, -el especialista en explosivos Robert Jordan-, extrañará constantemente, a lo largo de toda la novela, su copa de ajenjo.

Hoy en día el ajenjo es legal y se puede beber en cualquier barra bien provista, pero contiene una concentración menor de alcohol y thujonas y, sobre todo, ha perdido su halo de bebida inspiradora. Las musas han dejado de auspiciarle.

El Dr. Felix J. Fojo es ex profesor de la Cátedra de Cirugía de la Universidad de La Habana.

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