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UPR
Desafío

Actualizado para el público moderno Sherlock Holmes

Robert Downey Jr. como Sherlock Holmes
Foto: Suministrada
Aumetar Disminuir

12 de Enero de 2010
Por:  Orlando Torres Díaz
De:  Diálogo

Un personaje clásico más es sometido al filtro del Hollywood moderno. Si bien es cierto que Sherlock Holmes ha sido en incontables ocasiones protagonista de misterios en celuloide, siempre su origen literario ha sido el norte a la hora de representarlo en pantalla. Sin embargo, las imágenes computarizadas y las secuencias de acción han alcanzado al perspicaz detective, que ahora parece un poco más ágil, más cómico, consciente de si mismo y de su mítico nombre y status. En fin, esta es la versión revisionista del detective del 221B de Baker Street.

Por supuesto, estas revisiones pueden revitalizar franquicias y entregarnos entretenimiento de primera, como es el caso de Star Trek y Batman, o por el contrario, ser la trilogía de The Mummy. La nueva entrega de Sherlock Holmes, afortunadamente, se acerca más a la primera posibilidad. A pesar de que inicialmente parezca que se violentaron las características principales del personaje para apelar al público joven, una breve búsqueda en la red disipa nuestras dudas. Arthur Conan Doyle, creador del detective londinense, le atribuyó a Holmes no sólo capacidades deductivas envidiables y un amplio conocimiento científico, sino también agilidad física, proeza en la lucha y las artes marciales, y una adicción a la cocaína y al alcohol.

Todas estas características son entonces extraídas del material original e hiperbolizadas para el espectador del 2010. Aún así, la cinta encuentra un balance entre las divertidas y bien orquestadas secuencias de acción a través del Londres victoriano y los momentos que se acercan más a la esencia analítica y cerebral del investigador.

La trama cubre territorio común. Un hombre llamado Lord Blackwood ha cometido una serie de asesinatos extraños que parecen formar parte de un ritual. Ante la incompetencia de la policía de Scotland Yard, Holmes y Watson se dan a la tarea de atraparlo, y lo logran. Una vez encarcelado, el villano comienza a demostrar capacidades sobrehumanas, y es el trabajo de  nuestros protagonistas descubrir que plan malévolo hay detrás de todo esto. También hay varias subtramas interesantes, una de ellas el casamiento del Dr. Watson y otra que prepara el terreno para una secuela y tiene que ver con el rival más acérrimo de Sherlock Holmes, el profesor Moriarty.

En el centro de todo esto, la pieza clave para que el filme funcione es Robert Downey Jr. El actor, uno de los más talentosos de su generación y conocido por el carácter sardónico que le imprime a sus personajes, es perfecto para el papel y logra revitalizarlo sin caer en una parodia burda. Jude Law, como el Dr. Watson, también sale airoso, y el subtexto homoerótico entre ambos personajes, impulsado por la reciente tendencia de Hollywood hacia el “bromance”, funciona de maravilla y logra momentos genuinamente graciosos.

Los factores antes mencionados permiten que las fallas del filme, que residen principalmente en la dirección y el guión, puedan ser generalmente ignoradas. Por ejemplo, el director Guy Ritchie no es la mejor opción para esta cinta, pues su acercamiento a la acción resulta repetitivo, enfatizando estilo por sobre  substancia, contrario al método investigativo del personaje titular. También, el uso de “flashbacks” para explicar los descubrimientos de Holmes, aunque perfectamente efectivo, roba un poco al espectador su propia capacidad de inferencia.

Por otro lado, el guión, aunque repleto de buenas líneas, no logra construir en Lord Blackwood un villano memorable ni establece un verdadero sentido de peligro para los personajes principales. Rachel McAdams, en el personaje de Irene Adler (también proveniente de los libros), se convierte finalmente en la damisela en aprietos y el carisma que ha demostrado en otras cintas no es totalmente aprovechado aquí.

A pesar de estos problemas, y admitiendo que como espectador hubiese preferido más cacumen y menos testosterona, tengo que admitir que durante sus dos horas de duración, Sherlock Holmes representa un excelente entretenimiento, que si bien no rebasa esa línea, cumple a cabalidad con su cometido.

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